El pasado jueves tuve el placer de leer en una de las columnas de opinión que ofrece el periódico Huelva información, la colaboración que hice con mi gran amigo Alvaro R. Machío @treyvelan y su agencia @bis.agencia. En esta ocasión hablábamos de los errores de percepción que hay sobre nuestro propio cuerpo y la grave (mala) influencia que ofrecen los filtros de las redes sociales (Instagram, snapchat…).
Para leer el artículo podéis acceder a la bio del perfil de la agencia o en el siguiente enlace: https://www.huelvainformacion.es/opinion/articulos/Quieres-parecerte-selfie-filtro_0_1537946285.html
Por aquí os dejo información sobre esta sintomatología corporal.
La palabra dismorfia proviene del griego, cuyo prefijo “dis” significa anomalía o dificultad, mientras que la palabra “morfia” significa cuerpo, por ello la dismorfia corporal se trata de una percepción anómala o errónea del propio cuerpo.
La dismorfia como síntoma (de forma aislada y en momentos determinados) puede llegar a derivar en un trastorno en sí mismo, en caso de que dicha preocupación o error en la percepción del cuerpo llegue a convertirse en una obsesión. Las personas que presentan estos síntomas, lo que ven y perciben en su cuerpo son características con las que no están conformes, defectos que pueden provocarle preocupación y ansiedad. Es por eso que hacer uso de filtros de belleza, por un lado, son un medio de evitación de la propia realidad de la persona ya que nos ofrece lo que nos gustaría ver (imágenes con un desenfoque, labios más prominentes, disminución del tamaño de la nariz, color rosáceo de la piel sin necesidad de usar maquillaje…), pero en el fondo lo que provoca es una agudización de esa disconformidad con nuestro propio cuerpo. Por otro lado, el uso de filtros provoca un placer inmediato sin apenas esfuerzo, sólo el “clic” de un botón haciéndonos obtener una recompensa en el momento pero que a la larga puede llegar a generar frustración, obsesión e incluso insatisfacción con nuestro propio cuerpo debido a que no es real.
Hoy en día las redes sociales se han convertido en un arma de doble filo, y aunque no está claro aun que puedan influir factores genéticos en dicha anomalía, sí es cierto que los factores sociales, como son estos medios virtuales, se están convirtiendo en origen de muchos trastornos relacionados con la imagen corporal.






